Tuesday, January 22, 2019

The Heart in Books: Memorias habladas, memorias armadas

"Concha Méndez era un nombre de los que llenan el momento que se está viviendo, de los que se conocen antes de haber visto" (p.7)



Concha Méndez (1898-1966) se muestra en el libro  Memorias habladas, memorias armadas como una mujer audaz e innovadora, con "desplantes de rebeldía" (p.17). Un espíritu independiente sin fronteras cuyos recuerdos rebasan los límites de la nostalgia para convertirse "en la columna vertebral de su identidad" (p.14). Entusiasmada por "el recuerdo de su vida" (p.16), cultivó la memoria, de ahí que Paloma Ulacia Altolaguirre optase por grabarla y gestionar así la obsesión por el pasado, el deseo de ser escuchada.
"A través de estas memorias quiso regresar a España y encontrar el lugar que le correspondía dentro de la historia literaria de su país; quiso romper las barreras del tiempo para reunirse con los lectores de hoy, y posiblemente de mañana, que gusten de la poesía" (p.20)
De ascendencia gallega, la mayor de 11 hermanos, Concha Méndez nació "en medio de la modernidad" (p.28) y al contrario que su abuela, se zambulló en ella y se pasó la infancia barajando geografías y sueños.
"Recuerdo la visita de un amigo de mis padres. Al presentarnos al señor, éste preguntó a mis hermanos: "Pequeños, ¿qué queréis ser de mayores?". No recuerdo lo que contestarían, pero viendo que a mí no me preguntaba nada, teniendo toda la cabeza llena de sueños, me le acerqué y le dije: "Yo voy a ser capitán de barco". "Las niñas no son nada", me contestó mirándome. Por estas palabras le tomé un odio terrible a este señor. ¿Qué ese eso de que las niñas no son nada? Yo era una niña que estaba inconforme con mi medio ambiente" (p.24)

Los mapas de la escuela
todos tenían mar,
todos tenían tierra.
¡Yo sentía un afán
por ir a recorrerla!...
Soñaba el corazón
con mares y fronteras,
y misteriosas selvas...
Soñaba el corazón...
¡Oh, sueños de la escuela!
(p.26)

Al hilo de una sucesión de anécdotas, vamos reconstruyendo el tejido de una vida intensa: el impacto de las primeras lecturas a los dieciséis años, sus inquietudes artísticas (pintura, escritura), su breve experiencia en la universidad a través de la literatura geográfica, las escapadas y fugas, los paseos por la Castellana sin sombrero, sus ansias de cambiar el mundo, los trabajos en la imprenta con Altolaguirre, los premonitorios sueños de muerte, las bombas de guerra, la vejez, el intento de suicidio y el anhelo de vida posterior. Todo ello salpicado de humor y un  derroche de vitalismo contagioso. 
"Y yo no sé por qué aquel absurdo de llevar la pena en un trapo (...) hasta que un día que andaba por aquellos caminos, por aquellas veredas arboladas, empecé a correr dando saltos, la gasa de atrás, la pena, subió al aire y se enganchó en la rama de un árbol. Luego empecé a pensar: cuando alguien lleve luto o le pase algo, le voy a decir: "Mire, no se preocupe, haga un acto simbólico: cuelgue la pena de la rama de un árbol y se acabó" (p.33)
"La gente dice que soy surrealista. Lo que me pasa es que nací en un mundo que me obligó a la evasión y de repente, como si fuera una protesta ante lo que estoy viviendo, como si me doliera algo, me pongo a hablar cosas que llaman extravagantes" (p.32)
"Tengo un concepto de la vida extraño (...) La vida es un camino. Al nacer, nos encontramos con los padres y hermanos que nos acompañan. Luego, más adelante, con los chicos del colegio. Seguimos el camino. Y todo según lo encontramos, después lo perdemos: a la familia, no. Más adelante, uno encuentra amores y amigos. Pero llega el momento en que cada vida es un destino: mi camino es uno, el camino de la gente que encuentro es otro. Los caminos paralelos no se tocan. Hay un momento de fuga; nos separamos y no hay más remedio; mientras tanto, hemos estado juntos. El momento de fusión es lo que importa; luego, el recuerdo de aquel momento" (p. 38)
Una mujer sociable que se relacionó con Buñuel, Lorca, Alberti, Maruja Mallo, Alfonsina Storni, Altolaguirre, Cernuda o Vicente Aleixandre entre otros; viajera (Londres, Buenos Aires, Montevideo, Cuba y México) que llevó "vestidos de papel" (p.65) y el mono azul de trabajo, la misma que se echó a nadar cuando no quiso hablar de literatura (p.81). Fuerte, asertiva, empoderada, dinámica,  entusiasta y con una inspiración y creatividad que le salían a borbotones.
"Casi siempre, en toda relación de pareja, el hombre es el dominante; y resulta que un día Manolo me dijo que sería mejor que yo estuviera sola, porque él me daba sombra" (p.124)

"... los poemas me salían involuntariamente" (p. 47) 
"Es como que soy como si fuera un saco que empieza a llenarse y de repente revienta; entonces la poesía sale por los dedos, se coge la pluma y sale" (p.54) 
"Cuando murió mi madre enfermé, no sólo de los nervios, sino de pena. Lloré días enteros. Me habían avisado que estaba enferma de cáncer, pero no se recuperó. Le escribí un grupo de poemas, como cuando perdí a mi niño" (p.115) 
"Escribí en pocos días doscientos poemas" (p.149) 
"... porque no hay mejor manera de leer poesía que dejando caer las letras, una a una, sobre la plancha" (p.96) 
"... durante el amanecer habían pescado atunes y uno de los marineros se me acercó con el corazón del pez aún latiendo en la mano. Nunca olvidaré aquellos ojos azules del marinero, ni el corazón que me entregó" (p.67)
Para saber más:

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