Thursday, August 30, 2018

Hands in Books: En la orilla



“We don't need to have just one favorite. We keep adding favorites. Our favorite book is always the book that speaks most directly to us at a particular stage in our lives. And our lives change. We have other favorites that give us what we most need at that particular time. But we never lose the old favorites. They're always with us. We just sort of accumulate them.”
Bienvenidos esos libros que, como dijo Alexander, son dardos que hacen diana en una etapa de nuestra vida. El último y el que se llevaría el primer premio en este preciso momento en que escribo, sería En la orilla de Rafael Chirbes

Recuerdo que el regalo vino acompañado de la recomendación de escoger bien el momento para leerlo. Durante la lectura, que fue demorada y parsimoniosa, recordé multitud de veces ese consejo más que acertado.

El libro comienza en 2010 con un Esteban de 70 años que vive en Olba, una ciudad situada en una marisma de la costa valenciana. Este cementerio de esqueletos de edificios inacabados es un "núcleo de pervivencia de un mundo sin tiempo" (p.101) con agua de "cualidades fulgentes: fosfóricos amarillos, verdes venenosos, azules neón" (p.260) y un "olor agrio a descomposición" (p.276); un pantano que nos repugna y nos atrae, extendiéndonos una invitación ponzoñosa a hundirnos en un sueño eterno en ese "colchón de espumoso chocolate" (p.248).
"... cuando me asomo al borde y contemplo la charca que el azul del cielo embellece como si la naturaleza quisiera seducirme para poder jugar un poco más conmigo; sin embargo, puedo asegurarte que, contemplando esa belleza, me entran las prisas por saber qué se siente al cruzar el umbral y entrar en la zona de sombra. Cruzarlo para quedarse" (p.364)
La novela es un carrusel situado en el parque de la memoria, y el viaje es un largo soliloquio de recuerdos vívidos combinados con reflexiones profundas, descripciones tan brutales como líricas y diálogos de corrido que nos obligan a estar alerta para saber quién dice qué.

Un duro retrato de la grisura de la España de después de la crisis, una "África que empieza en los Pirineos" (p.256) en la que los cigüeñales se van activando y nos cambian de caballo, distorsionando la perspectiva que tenemos en este tiovivo literario con cada vuelta.  Vemos a través de los ojos de Ahmed, Esteban, Liliana, o Francisco. A veces, a través de varios a un tiempo. Da igual. En todas sus historias percibimos la misma sensación dramática de vértigo, ese estar En la orilla del precipicio: Paro, no llegar a fin de mes,  pisos patera, trabajo esclavo, violencia, cuidados a enfermos y flirteos con el suicidio.
"Te suicidas porque eres quien eres y no quien quisieras ser, te pegas un tiro porque no te soportas. Por puro odio. Para resistir, para seguir vivo, hace falta una buena dosis de idealismo. Capacidad para mentirse. Sólo sobreviven quienes consiguen creerse que son lo que no son" (p.76)
Las descripciones desgarradoras nos pasean en círculos concéntricos hipnóticos: Llanto, abulia, desolación, náusea.
"... se deja caer el cuerpo cuando uno vuelve a casa tras una jornada agotadora, tras un viaje pesado, el cuerpo del otro, acogedor silencio de siesta; en su caso, susurros de un sueño matinal, porque su vida en común empezaba cuando la mujer volvía cansada con el borde del cielo reluciente de nácar, o caminando vacilante a la luz del día que ya ha cuajado, los primeros rayos de sol doran los muebles del saloncito, de la cocina, del dormitorio,  con esa miel tan dulce de la primera mañana" (p.227)
"El hombre es un ser culpable desde el nacimiento y Dios le da la razón en su pesimismo, sobre todo si te ha tocado nacer en un poblado de chabolas o en un barrio periférico y pasar hambre desde que tu madre te daba a roer una teta seca y te puso a trabajar en cuanto pudiste ponerte de pie" (p.275) 
El padecimiento de Esteban y los cuidados que debe prodigar al "viejo" (p.401) son igualmente lacerantes, aunque a veces lo intercale con la parodia y la ridiculización: "... el tamagotchi averiado que ni ríe ni llora" (p.268).

Esteban va siendo "domesticado por el tiempo" (p.110) y se va acercando a su nadir. Nosotros nos apeamos del carrusel taciturnos, desorientados, abrumados por su misma honda desilusión y no sabemos si nos ha ido quemando la lectura o simplemente nos ha descubierto un corazón que ya estaba calcinado.
"La vida humana es el mayor derroche económico de la naturaleza: cuando parece que podrías empezar a sacarle provecho a lo que sabes, te mueres, y los que vienen detrás vuelven a empezar de cero" (p.30)
"... no hay hombre que no sea un malcosido saco de porquería" (p.134) 
"... no era amor, el amor no dura tanto, habían pasado unos cuantos años, más bien debía de ser rencor, el rencor no tiene fecha de caducidad" (p.187) 
"Lo importante no es cómo has venido o cómo te vayas a ir, sino cómo estás; si tienes que pensar o no en lo necesario, o te llega con naturalidad, si las cosas te vienen a las manos o se te escapan entre los dedos, o, peor aún, si no las alcanzas" (p.361)

Para saber más:
  • En este enlace puedes leer un fragmento del libro.
  • Entrevista a Rafael Chirbes en "Página Dos" (16/08/2015)

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