Showing posts with label Alejandro Amor. Show all posts
Showing posts with label Alejandro Amor. Show all posts

Monday, November 20, 2017

The Heart in Books: La muerte del padre

Hoy en día elijo los libros que leo, claro. Ya han pasado los tiempos de las lecturas escolares que nos esclavizaban a lo que otros consideraban una experiencia placentera. Es cierto que a veces resultó serlo también para mí y descubrí textos brillantes. Pero otras no. Algunos libros me dejaron con la sensación de una comida indigesta, y aún hoy tengo la impresión de que leérmelos de tapa a tapa fue una cobardía.


La misma que me queda al haber terminado La muerte del padre (2012) de Karl Ove Knausgård, que acabé leyendo porque varias personas me hablaron del libro y además fue una recomendación y uno siente que se lo debe en cierto modo al prestamista.

La muerte del padre se comercializa como ficción pero realmente son unas memorias, divididas en 6 entregas, la primera de las cuales es La muerte del padre. La serie se titula “Min Kamp (Mi lucha), haciendo una alusión deliberada a la autobiografía de Hitler así como al dolor que le causó escribirla. Yo también resumiría con esas dos palabras mi experiencia lectora, para ser sincera.

El libro comienza con una profunda reflexión sobre la microbiología post mórtem (los gusanos que os prometía ayer) y termina brillantemente con una última línea brutal. Por el medio, imagino que con la intención de darle un aire de frescura al texto, y mantener la imagen de haber hecho un trabajo de edición mínimo, se dedica sin piedad a la descripción pormenorizada y microscópica de acciones mundanas y ordinarias como encender cigarrillos, beber cervezas o preparar una taza de café. De cuando en cuando, emerge un espíritu de digresión proustiano con evocaciones vívidas de la confusión e hipersensibilidad adolescentes y reflexiones filosóficas de índole variada, pero tardan tanto en aparecer que me desespero entretanto.

"La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede. Luego se para. Antes o después, algún día ese movimiento martilleante para por sí mismo y la sangre empieza a correr hacia el punto más bajo del cuerpo, donde se concentra una pequeña hoya, visible desde fuera como una zona oscura y blanda en la piel cada vez más blanca, a la vez que la temperatura baja, los miembros se endurecen y el intestino se vacía. Los cambios de las primeras horas ocurren tan lentamente y se realizan con tanta seguridad que recuerdan algo ritual, como si la vida capitulara según determinadas reglas, una especie de gentlemen's agreement por el que se rigen también los representantes de lo muerto, ya que siempre esperan a que la vida se haya retirado para iniciar la invasión del nuevo paisaje. Entonces, en cambio, es irrevocable. Nada puede ya detener a las enormes colonias de bacterias que empiezan a expandirse por el interior del cuerpo. (...) Y alcanzan el corazón. Éste sigue intacto, pero como ya no goza del movimiento, al que toda su construcción está dirigida, hay algo de abandonado en él, podríamos imaginarnos algo así como una obra que los obreros han tenido que abandonar a toda prisa, la maquinaria inmóvil brillando con luz amarillenta hacia la oscuridad del bosque, los barracones vacíos, las vagonetas del funicular colgando cargadas hasta los topes por la ladera" (pp.9, 10)

"Con esto puede parecer que la muerte se distribuye a través de dos sistemas diferentes, uno relacionado con ocultación y peso, tierra y oscuridad, y el otro con transparencia y levedad, éter y luz" (p.13)

"Y la muerte, que yo siempre había considerado la magnitud más importante de la vida, oscura, atrayente, no era más que una tubería que revienta, una rama que se rompe con el viento, una chaqueta que cae de la percha al suelo" (p.499)

La autobiografía (¿autoficción?) nos va descubriendo a la figura del padre muerto al tiempo que se va construyendo un mosaico de reminiscencias vitales de chucherías debajo del edredón, miedos, libertad, vergüenza, ira, soledad, caos, risas, traumas,  relaciones filiales y sexualidad emergente. En este acercamiento prismático al recuerdo, tienen cabida las digresiones sobre literatura (alusiones a Rimbaud o Sandemose), naturaleza y arte (Rembrandt (p.35), Constable (p.237), Giotto (p.460)) y los efectos que esta tríada tiene en la "meteorología de la mente" (p.20).

Entre reminiscencias y digresiones, llegamos al clímax (a mi parecer la mejor parte de la novela): el infierno de limpiar la casa y el intento de reconstrucción de lo que padre realmente fue para él. Un tour de force de prosa donde la muerte, como último tabú y como verdad final sublima la existencia.

"Yo tenía ocho años aquella tarde, mi padre treinta y dos. Aunque sigo sin entenderlo, ni sé qué clase de persona fue, el hecho de que yo ahora tenga siete años más de los que él tenía entonces, me hace entender mejor ciertas cosas" (p.16)

"Cuando la visión de conjunto del mundo se amplía, no sólo disminuye el dolor que causa, sino también el sentido. Entender el mundo equivale a colocarse a cierta distancia de él" (p.18)

"Antes veía el tiempo como un trayecto que había que recorrer y el futuro como un proyecto para mucho más adelante, tal vez brillante, pero al menos nunca aburrido; en este momento está entretejido con la vida de aquí y ahora de una manera muy diferente. Si tuviera que describirlo mediante una imagen, sería la de un barco dentro de una esclusa: de un modo tan lento como ineludible, la vida es elevada por el tiempo, que entra constantemente a pequeños chorros desde todos los lados. y cada día que pasa crece la añoranza por ese momento en que la vida llegue al borde, por ese momento en que se abra la compuerta y la vida por fin avance" (pp.39, 40)

"Lo único que me ha enseñado la vida es a soportarla, nunca a cuestionarla, y a quemar en la escritura los deseos generados" (p.47)

"Escribir es sacar de las sombras lo que sabemos. De eso se trata escribir" (p.221)

"Lo caótico y lo impredecible representaban a la vez la condición de la vida y su caducidad, la primera es imposible sin la otra, y aunque casi todos los esfuerzos que realizamos estén encaminados a mantenerla a distancia, bastará con la resignación de un breve instante para querer vivir en su luz, y no en sus sombra como ahora" (p.223)

"Bajo esta luz hay que considerar ese extraño y ambiguo papel que ocupa la muerte. Por un lado está por todas partes, nos inundan las noticias sobre la muerte, las imágenes de muertos; (...) es tremenda, omnipresente, inagotable (...) Y la muerte, la muerte es lo último grande del exterior. Por eso hay que ocultarla. Porque la muerte está fuera del nombre y fuera de la vida, pero no está fuera del mundo" (p.259)

"Las emociones son como el agua, se configuran siempre según el entorno. Ni siquiera el dolor más grande deja rastro, cuando se percibe tan sobrecogedor y dura tanto no es porque las emociones se hayan solidificado, eso es imposible, sino porque se quedan estancadas, de la misma manera que se queda estancada el agua en una laguna" (pp.298-299)

Wednesday, November 8, 2017

Letters in Books: Maus

No controlo mucho de novela gráfica ni la leo a menudo, sobre todo por desconocimiento. De hecho, tengo que dar muchas gracias a mis antiguos alumnos Jontxu Argibay y Eva Blanco por introducirme al género, porque fue a partir de la recomendación de uno y la reseña de otra que redescubrí el género como adulta, a través de V for Vendetta y Persepolis, dos grandes tesoros.

El género tiene una historia más rica y más larga en Japón (manga) o en Francia (bandes dessinées), pero también está tomando impulso en otros países, con escritores y escritoras que se sienten atraídos por las posibilidades que ofrece y la riqueza y la diversidad de los temas que se pueden explorar.

Para leer novela gráfica, creo que lo importante es tomárselo con calma. Puede que parezcan una “lectura ligera”, pero no es así. Tienen poco texto, sí, pero eso no implica que la lectura sea más rápida o superficial, sino que puedes pasarte tu tiempo empapándote del arte que subyace a la elección cuidadosa de palabras. A menudo tienes que releer algunos pasajes o voltear la hoja para entender realmente lo que nos quieren decir el autor y/o ilustrador o captar todos los matices de las imágenes.

La novela gráfica tiene una riqueza ajena a otro tipo de texto, y sólo por eso, merece la pena explorar el género. Aún así, si no os he convencido, quizás lo haga este artículo, o la reseña de Maus, de Art Spiegelman, que fue además la primera novela gráfica en ganar un premio Pulitzer (1992).

Maus es un cómic alternativo serializado desde 1980 hasta 1991 en la revista RAW,  que más tarde se publicó en dos partes (“Mi padre sangra historia” y “Y aquí comenzaron mis problemas”); y finalmente en un solo volumen con el título Maus. A Survivor’s Tale (2007). El volumen que llegó a mis manos, gracias a un préstamo de Alejandro Amor, fue la versión traducida al español por Cruz Rodríguez Juiz (2014).

El libro hace uso de técnicas postmodernistas, entre la que llama poderosamente la atención la representación de la demografía sociocultural como diferentes tipos de animales: los judíos como ratones blancos, los polacos no judíos como cerdos y los nazis como gatos, todos ellos interactuando en una Europa en guerra que no es sino una trampa gigante para ratones. Con este pastiche, Spiegelman nos hace abrazar el pathos y logos de su relato histórico.

Más allá de ser la historia de un superviviente, como se anuncia en el título en inglés, es la anatomía cruel de la legendaria familia judía y sus tensiones inherentes. Lejos queda la perfecta armonía familiar que oculta patologías latentes. En Maus, Artie intenta entender a su padre Vladek a través de su historia vital: ¿Quizás es culpa de “los campos”? ¿Quizás la experiencia en “Mauschwitz” es la solución al enigma de unos padres desamorados? 

Un segundo hilo argumental interrumpe y colisiona con la historia de Vladek: el relato del propio Art, de la escritura del libro, y de la relación entre el hijo americano y el padre polaco superviviente al Holocausto.

El objetivo de Spiegelman es plasmar la historia de su padre con exactitud, con sus taras e imperfecciones, en un relato mucho más humano que muchas de las autocanonizaciones idealizadas por el Holocausto. Al llegar a la última página, no nos cabe duda de que el propósito se ha cumplido. 

A mayores, el segundo hilo argumental que apuntábamos nos implica en el relato de Spiegelman, recordándonos la importancia de escuchar la historia de nuestros padres y abuelos, y su papel indispensable para entender nuestra propia vida actual. La vida de Art Spiegelman se ve afectada por el Holocausto, lo quiera o no, y es insoportablemente duro para ambos, pues cada uno se atrinchera en su posición y no cede ni un ápice. Ni padre ni hijo pueden ver a través de los ojos del otro y sus opiniones se vuelven polarizadas, y quizás por eso siguen siendo ratones en el presente, no hombres.

Maus se alinea con el postmodernismo y esa continua duda de que existan las verdades absolutas y que se puedan identificar; o la concepción de que el pasado no se puede representar de forma exacta. De ahí los recuerdos fragmentarios, carentes de estructura lineal de Vladek, y de ahí también que nosotros cuestionemos la interpretación que Art hace de la historia de su padre. 

Este ahistoricismo y la desconfianza que se nos genera es todo un logro. Además, Spiegelman es un magnífico dibujante, así, en un par de viñetas y con imágenes muy simples pero oscuras, el mundo de la persecución y la tortura se vuelve tridimensional. En lo que respecta a los diálogos, demuestra tener un oído tan avezado como Alan Bennett.

Pasado y presente se amalgaman en las mismas páginas y secciones, y ya nos ha cogido a través del despiste. Perdemos la conexión con la historia y todos los indicadores que en general nos llevan al pasado (por ejemplo el color o la ropa, como hace en el cómic dentro del cómic). Maus no hace uso de esos códigos y símbolos, y nos desafía abiertamente a separar entre pasado y presente, entre la historia de Art y la de Vladek. Esa difuminación nos ayuda a conectar con las emociones embebidas en ambos hilos argumentales.










Monday, October 9, 2017

The Heart in Books: El mejor amigo del oso

Como muchos de vosotros, guardo un hueco en mi biblioteca personal para la literatura nórdica. Llegué un poco tarde. Cuando la mayoría ya era fan de Henning Mankell, Jo Nesbo, o Jonas Jonasson yo los leí posteriormente, y lo que me enganchó a la vena nórdica fue la recomendación de Dolores Gómez de la saga (inicialmente trilogía) Millennium de Stieg Larsson. Aunque denostada por muchos, me parece que Larsson consiguió un gran logro: coger un género que normalmente era más popular entre el público masculino (thrillers sobre tecnología, hackers y conspiraciones) y feminizarlo. No entraré en detalles sobre cómo lo hace o si es mejorable, el caso es que es un triunfo.

Hace ya un tiempo, Raquel Pastoriza me había prestado O bosque dos raposos aforcados (2005), de Arto Paasilinna en Rinoceronte Editora traducido por Tomás González Ahola. El libro me sorprendió muy gratamente. Convencionalmente, no solemos pensar en los finlandeses como epítomes de la diversión y el buen humor, viviendo en semioscuridad la mitad  del año, refugiándose del frío en sus saunas, y con una de las tasas de suicidio más elevadas del mundo. Y por eso mismo me chocó O bosque dos raposos aforcados, porque de los libros que me hacen reír no suelo olvidarme fácilmente. A raíz de la experiencia tan positiva, vino la adquisición de de La dulce envenenadora (os lo contaba aquí), que pasó a engrosar la pila de libros comenzados que iré terminando cuando me venga en gana y sea su momento.

Sin embargo, Paasilinna volvió a mis manos de nuevo gracias a un nuevo préstamo (de Alejandro Amor en este caso) que tampoco defraudó en su lectura: El mejor amigo del oso (2009), traducido para Anagrama por Dulce Fernández Anguita.


Una vez más, el prolífico Paasilinna demuestra que de todo se puede hablar con humor, hasta de la religión y las crisis de fe. Como en la mayoría de sus textos, elige la Finlandia rural (el 76% del país está cubierto de bosques o prados) para presentar un argumento disparatado: Oskari Huuskonen, pastor luterano de Nummenpää, recibe un cachorro de oso como regalo de sus feligreses en su cincuenta cumpleaños.

Lo que sigue, es realmente la colección de aventuras picarescas de Huuskonen, un pastor desencantado  que ha perdido su fe y busca una vía de escape con su oso Lucifer (más tarde renombrado Belcebú). En esos viajes, irán cruzando caminos con todo tipo de personajes (mujeres excéntricas, funcionarios borrachos, turistas, burócratas) en los escenarios más diversos (la península de Kola, el Atlántico, el mar Blanco, Solovetski, el Mar Negro, Odesa, Malta,...), pero siempre haciéndonos reír en voz alta, burlándose básicamente de todo lo que puede, incluso de aquello generalmente considerado políticamente incorrecto.  Así, encontramos episodios tipo sitcom con cariz televisivo

"Al regresar a la rectoría, se encontró a su mujer en el patio trasero atizando a Lucifer con la palmeta de sacudir las alfombras. El osezno intentaba defenderse y hasta se atrevió a enseñarle los colmillos, pero para cuando Oskari llegó al lugar y acudió en su ayuda, ya había recibido una buena zurra.
La pastora estaba que se ahogaba de rabia. Durante el día, sin nadie que lo vigilara, el cachorro se había dedicado a mordisquear la alfombra..." (p.57)

"Cuando al caer la noche el pastor se marchó a su casa, la viuda preparó su cama y quiso acostar al osezno a su lado. Al principio Lucifer no entendió muy bien que le estuvieran dando permiso para meterse en el lecho, pero en cuanto Sami le acarició el cogote y le habló con su dulce vocecita, el cachorro llegó a la conclusión de que en aquella casa todo estaba permitido y, pegando un brinco, se apropió del sitio del difunto Santeri. Y lo bien que durmieron el oso y la viuda aquella noche, calentitos los dos y tan feliz ella de tener un compañerito tan peludo con quien compartir su cama" (p.62)

"El obispo, que era medio bobo (...) susurró alegremente: 
- Yuhuuuuu... Oskariiiii, ¿qué andas haciendo ahí abajo? ¡Venga, sal ya, chavalote!
De las profundidades surgió como una exhalación la jabalina, con su bengala encendida en la punta. Con un sonido repulsivo, la punta de acero le entró al primado por debajo de la clavícula derecha y, atravesándole los músculos, se le clavó en la paletilla. El obispo cayó al suelo de costado con la jabalina hincada en el pecho, agitando las piernas con frenesí. La bengala le había quemado los faldones de la camisa, dejándole el ombligo lleno de hollín" (pp.87, 88)

"Mientras tanto, arriba, Belcebú se había dedicado a husmear cuidadosamente por la habitación, y hete aquí que encontró el baño, abrió el grifo del agua caliente y, tras comprobar que ésta salía en condiciones, se pegó un baño de padre y muy señor mío. Tanja le dio champú y el animalote, cómodamente sentado en la bañera, se enjabonó de arriba abajo. Y así estuvo casi una hora, en remojo y tan ricamente. Era su primera oportunidad después de medio año. Luego se levantó y se sacudió hasta la última gota de agua de la pelambre, salpicándolo todo" (p.232)

El humorismo de Paasilinna no es alegre, acercándose en su negrura al de Swift y lindando más con los laberintos de la desesperación que con el decorado de la felicidad convencional,

"Al pasar por la calle principal del pueblo, se cruzaron con el jefe de los bomberos, Rauno Koverola, el cual, nada más verlos, los saludó agitando la mano y paró su coche:
- ¡Vaya con el oso, está hecho un chavalote! Y qué, ¿ya ha cagado el tapón instestinal?
- No, aún no. Es que se ha despertado hoy mismo (p.125)

"Usted y su buen oso han logrado cambiar las tornas en lo que se refiere a futuras guerras religiosas. Calculo que por lo menos un millón, y puede que hasta diez millones de personas, habrán salvado la vida gracias a ustedes. No es una mala cifra, dadas las circunstancias" (p.285)

"En caso de naufragio lo mejor que uno puede hacer es pegarse un tiro - aseguró Vasili, y se encendió un cigarrillo" (p.292)

No obstante, la parte más polémica del libro es, para mí, también la más divertida. Hablo de los efectos de la pérdida de fe en Oskari Huuskonen: sus escarceos amorosos con Sonja y Tanja (además de las mujeres de poblaciones cercanas que va inseminando), su aficción por el lanzamiento de jabalina en vertical y sobre todo, los incendiarios artículos para la prensa y sus homilías.

"En su artículo, titulado "Las hazañas bélicas de Nuestro Señor Jesucristo", Huuskonen había escrito que Jesús, contando con el apoyo de un ingente grupo de partidarios a los que había congregado, había decidido marchar sobre Jerusalén y hacerse dueño del poder. Es decir, que su entrada en la Ciudad Santa no había tenido nada que ver con la que habitualmente aparecía representada en las estampitas, pacífica y a lomos de un asno, sino que se había tratado de la irrupción brutal de un comando paramilitar de guerrilleros en el tempo de Jerusalén. Jesús disponía de un grupo de élite formado por fanáticos a los cuales denominaba "discípulos", los cuales estaban acostumbrados a usar la fuerza sin reparo alguno" (p.64)

"Oskari se dio cuenta de que también los curas podían hablar con claridad si lo deseaban y ello no debilitaba el alcance del mensaje divino, al contrario: los fieles escuchaban atentos y seguían con interés lo que su pastor tenía que decirles" (p.75)

"La Iglesia luterana y las fuerzas armadas se llevaban mejor de lo que la gente creía. El consuelo espiritual es de gran importancia en las guerras..." (p.85)

"En el pueblo comenzó a correr el rumor de que el pastor Huuskonen estaba poseído y que el culpable era un diablo meridiano de la peor calaña. Vamos, que las mujeres lo traían chocho, mira tú, el viejo..." (p.114)

"Cierto que Belcebú había hecho trizas alguna que otra sotana, que la sangre derramada por los exaltados había sido abundante y que había habido algún hueso roto, pero no hay mal que por bien no venga, ya que todos los contendientes habían enterrado sus hachas teológicas y se habían sentado pacíficamente a elaborar el acta final de la conferencia" (p.285).

Más allá del humor (que no es poco), el relato está enriquecido con notas históricas como la tragedia del monasterio de Solovetski (Rusia) o la participación de Finlandia en diversos conflitos políticos y bélicos. Unas notas históricas que no ralentizan el ritmo narrativo ni resultan pesadas, sino que perfilan el contexto sociocultural a la vez que se integran en la narrativa.

Los libros de Paasilinna han sido traducidos a 39 idiomas y de algún modo lo han convertido en figura de culto, con un humor que parece transcender las barreras culturales y lingüísticas. Os invito a dejaros seducir por Paasilinna, su visión de la libertad y su capacidad para destilar humor de las situaciones más desesperadas.

Tuesday, September 5, 2017

Letters in Books: Océano mar



Vuelvo a entrar en el universo literario de Alessandro Baricco gracias a un regalo de Alejandro Amor, 18 años después de haberlo descubierto gracias a Patricia Mateo.  

Sólo había leído otras dos obras del italiano, Seta y Senza sangue, que me sorprendieron por su habilidad lingüística, el uso de los juegos de palabras y su talento para darle a todo un tinte surrealista y fugaz. Pero dejad que comience por deciros que he encontrado un nuevo favorito, y se trata de Océano mar (1999). He leído en esta ocasión en su traducción al castellano (Xavier González Rovira y Carlos Gumpert), aunque espero hacer honor al regalo, y leerlo pronto en su versión original, en cuanto mis conocimientos lingüísticos estén a la altura.

La particularidad de Océano mar reside en su estilo: una mezcla de emociones y sensaciones, salpicados de diálogos, escenarios e imágenes que se proyectan en la mente de quien se sumerge en la lectura. En el texto, como si fuese un cuadro surrealista, se pueden escrutar múltiples aspectos y miles de pinceladas de una realidad imaginaria que constituye la base de la historia, gracias a las detalladas y evocadoras descripciones de lugares y personajes.

La primera sorpresa está en el propio inicio del libro: Sensorial y sugerente, casi parecemos sentir la brisa marina erizándonos la piel y acariciando la arena.

“Arena hasta donde se pierde la vista, entre las últimas colinas y el mar – el mar- en el aire frío de una tarde a punto de acabar y bendecida por el viento que sopla siempre del norte.

La playa. Y el mar.
Podría ser la perfección –imagen para ojos divinos-…” (p.11)

La trama no es lineal ni definida y se van trenzando historias organizadas  en tres bloques narrativos o libros: Posada Almayer, Savigny y Los cantos del retorno. Son relatos de personas muy diferentes entre sí  pero conectadas por una búsqueda que se expresa a través de sus miedos, sus aspiraciones, deseos y emociones. 

Como no podía ser menos, la localización es onírica y mágica: la posada Almayer, cuyo nombre homenajea al gran espíritu marino de Joseph Conrad. La posada está situada en una playa francesa fantasmagórica y será el escenario donde se desenvolverá el acto final donde se cruzan los hilos narrativos.

“Así era la posada Almayer. Tenía esa belleza de la que sólo los vencidos son capaces. Y la limpidez de las cosas débiles. Y la soledad, perfecta, de lo que se ha perdido” (p.39)

“Suspendida en el borde extremo de la tierra, a un paso del mar borrascoso, reposaba inmóvil la posada Almayer, inmersa en la oscuridad de la noche como un retrato, prenda de amor, en la oscuridad de un cajón” (p.135)

En la posada se producirá el encuentro de diversos personajes para los cuales el mar es ese “lugar donde te despides de ti mismo” (p.170), donde cada uno de ellos se pierde para intentar encontrar la solución al enigma propio:

Plasson, el ambicioso pintor de cuadros blancos, que busca eternamente el inicio del mar,

“Sobre los labios de la mujer queda la sombra de un sabor que la obliga a pensar “agua de mar, este hombre pinta el mar con el mar” – y es un pensamiento que provoca escalofríos” (p.13)

Elisewin, “mariposa nocturna” (p.29) que busca curarse y convertirse en mujer,

“(…) y mucho más a ella, que no es que tuviera exactamente un alma sensible, sino, por decirlo en términos precisos, que estaba poseída por una sensibilidad de ánimo incontrolable, que explotó para siempre en quién sabe qué momento de su vida secreta – vida de nada, tan pequeña como era- y después se le subió al corazón por vías invisibles, y a los ojos, y a las manos, y a todo, como una enfermedad, aunque una enfermedad no fuera, sino algo menos, si tiene un nombre debe de ser ligerísimo, lo dices y ya ha desaparecido” (p.15)

“(…) el alma no es siempre diamante sino a veces velo de seda (…)” (p.16)

“Lo que quiero decir es que yo la vida la deseo, haría cualquier cosa para poder tenerla, toda la que haya, tanta hasta enloquecer, no importa, puedo incluso enloquecer, pero esa vida no quiero perdérmela, yo la deseo, de verdad, aunque me hiciera un daño insoportable, lo que deseo es vivir” (p.30)

El profesor Ismael Bartleboom, escritor de cartas guardadas religiosamente en su caja de caoba (p.23, p.40),  que busca el límite del mar,

“Ella abrirá la caja y lentamente, cuando quiera, leerá las cartas una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta azul recobrará los años – los días, los instantes- que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado” (p.24)

“Estudiaba el punto exacto en el que la ola, después de haber roto una decena de metros más atrás, se extendía –convertida en lago, y espejo y mancha de aceite- subiendo por la delicada pendiente de la playa y al final se detenía – el borde extremo pespunteado por un delicado perlage- para vacilar un momento y al fin, derrotada, intentar una elegante retirada dejándose caer hacia atrás (…)” (p.33)

“¿Lo decimos todo con una sola palabra o con una sola palabra lo ocultamos todo? Estoy aquí, a un paso del mar, y ni siquiera soy capaz de comprender dónde está él. El mar. El mar” (p.40)

“No sé. Hay gente que se muere y, con todos los respetos, no se pierde nada. Pero él era de los que, cuando ya no están, lo notas. Como si el mundo entero, de un día para otro, se hiciera un poco más pesado. A lo mejor este planeta, y todo lo que hay en él, flota en el aire sólo porque  hay muchos Bartlebooms por ahí, ocupados en mantenerlo en su sitio. Con su ligereza. No tienen cara de héroe, pero mantienen el garito en marcha” (p.204)

Ann Deverià, enviada aquí por su marido para una cura de adulterio (p.38),

“(…) los deseos son los que nos salvan. Son lo único verdadero. Si estás con ellos, te salvarás” (p.83)

“He recibido tus cartas, y no ha sido fácil leerlas. Se abrieron de nuevo con dolor las heridas del recuerdo (…) La realidad se difumina y todo se convierte en memoria. Hasta tú, poco a poco, has dejado de ser un deseo y te has convertido en un recuerdo. Me han llegado tus cartas como mensajes supervivientes de un mundo que ya no existe” (p.169)


Adams, “un hombre deshecho por su propia vida” con un “caos irrefrenable [crepitando] bajo su mutismo y su inmovilidad” (p.64) y su mirada “de un animal al acecho” (p.70)

El Padre Pluche que anda en busca del sentido de la vida,

Todo el mundo tiene un camino dentro, lo que facilita, como mínimo, el cumplimiento de ese viaje nuestro, y sólo de vez en cuando lo complica” (p.157)

“Escribid
en el mundo
una sola palabra
escrita para mí,
la
leeré.
Rozad
un instante
de este silencio,
lo notaré.
No tengáis miedo,
yo no lo tengo.

Y vuele
esta oración
con la fuerza de las palabras
más allá de la jaula de este mundo
hasta quién sabe dónde” (p.162)

Y el huésped anónimo que nunca sale de su habitación ni se conoce su identidad, y que os dejaré que descubráis.

A pesar de las búsquedas personales que cada personaje pueda hacer, cada historia de amor, traición, muerte o redención se revela unida indisolublemente a la de los demás. Mientras, el mar ejerce de testigo silencioso ante sus destinos. Destinos que llegan a descubrir sólo a través de las ondas generadas por el acto vengativo de Adams.

Más allá de los personajes, Océano mar es un libro sobre la vida y sobre cuestiones metafísicas que Baricco lanza ante el lector con el desenfado y la precisión de un malabarista para acabar sugiriendo que hay más en la vida que lo que cualquier racionalista estaría dispuesto a admitir.

“Puesto que siempre es así, basta con el atisbo de un hombre para herir el reposo de lo que estaba a punto de convertirse en verdad, y por el contrario, vuelve inmediatamente a ser espera y pregunta, por simple e infinito poder de ese hombre que es tragaluz y claraboya, puerta pequeña por la que regresan ríos de historias y el gigantesco repertorio de lo que podría ser, desgarrón infinito, herida maravillosa, sendero de millares de pasos donde nada más podrá ser verdadero, pero todo será (…)” (p.12)

“La oscuridad suspende todo. No hay nada que pueda, en la oscuridad, convertirse en verdadero” (p.13)

“(…) la verdad sólo se concede al horror, y (…) para alcanzarla hemos tenido que pasar por este infierno, para verla hemos tenido que destruirnos unos a otros,  para poseerla hemos tenido que convertirnos en bestias feroces, para sacarla de su escondrijo hemos tenido que desgarrarnos de dolor” (p.127)

“Ann Deverià la miró – pero con una mirada para la que mirar es ya una palabra demasiado fuerte – mirada maravillosa que es ver sin preguntarse nada, ver y basta- algo así como dos cosas que se tocan –los ojos y la imagen- una mirada que no toma sino que recibe, en el silencio más absoluto de la mente, la única mirada que de verdad podría salvarnos – virgen de cualquier pregunta, aún no desfigurada por el vicio del saber (…)” (p.41)

Y por supuesto, está el mar, lírico, salvaje, hipnótico, exótico. Redentor y asesino. El verdadero protagonista de la novela, que sujeta los destinos entrelazados de los personajes en su misterioso abrazo musical.

“-¿El mar?
(…)
- ¿Vos salvaréis a mi hija con el mar?” (p.32)

“El mar inmenso, el océano mar, que corre infinita más allá de toda mirada, el desmesurado mar omnipotente –hay un sitio donde acaba, y un instante-, el inmenso mar, un lugar pequeñísimo y un instante de nada. Eso es lo que quería decir Bartleboom” (p.35)

“Puesto que el barón de Carewall jamás lo había visto, el mar viajaba, en su mente, como un polizón a bordo de un velero detenido en un puerto con las velas arriadas, inofensivo y superfluo” (p.45)

“El mar (…) era terrible, exageradamente hermoso, terriblemente fuerte –inhumano y enemigo – maravilloso. Y además tenía colores distintos, olores jamás sentidos, sonidos desconocidos –era el otro mundo” (p.53)

“Para que nadie pueda olvidar lo hermoso que sería si, para cada mar que nos espera, hubiera un río para nosotros. Y alguien (…) capaz de cogernos de la mano y de encontrar ese río – imaginarlo, inventarlo- y de depositarnos sobre su corriente con la ligereza de una sola palabra, adiós” (p.55)

“Se oía el mar, como un alud continuo, trueno incesante de un temporal, hijo de quién sabe qué cielo. No se detenía un instante. No conocía el cansancio. Ni la clemencia” (p.72)

“El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en le mundo en el que puedes pensar que no eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta” (p.83)

“(…) el mar. Por primera vez, después de días y días, verdaderamente lo veo. Y oigo su voz desmedida y el fortísimo olor y, dentro, so imparable danza, ola infinita (…) Parecía un espectador, hasta silencioso, cómplice. Parecía marco, escenario, telón. Ahora lo veo y comprendo: el mar era todo” (p.114)

“El mar danza, pero lentamente, parece una despedida en voz baja” (p.118)

“La única persona que de verdad me ha enseñado algo, un viejo que se llamaba Darrell, decía siempre que hay tres clases de hombres: los que viven frente al mar, los que se internan en el mar y los que logran regresar, vivos del mar. Y decía: ya verás qué sorpresa cuando descubras cuáles son los más felices” (p.126)

“Si al mar ya no se puede bendecir, tal vez todavía se le pueda decir (p.233)

Estilísticamente, la prosa de Barico se hace eco de esta metáfora central que encapsula la belleza y el terror. En ocasiones, las olas se ondulan suavemente, como en los encuentros de fina sutileza y sensualidad entre Bartleboom y Ann Deverià (p.95), o entre Thomas y Elisewin (p.143).  Y en otras se retiran y rompen con violencia hipnótica como en la escena del crimen (p.221).

La historia no envejece, y se van hilando emociones, palabras e historias que aparecen y desaparecen al ritmo de las mareas mientras tratamos de observar y analizar para desentrañar nuestra propia metáfora existencial.

Sunday, July 30, 2017

Words in Books: La mujer justa

Uno de los recursos narratológicos más fecundos y atractivos para mí como lectora es el multiperspectivismo. Me fascinó desde la lectura de los textos de Henry James (de hecho escribir esto me hace desear revisitarlos): esa maestría de jugar con diferentes narradores y puntos de vista para crear un texto polifónico y significativo.

Así, descubrir una nueva novela de Sándor Márai (después de El último encuentro, que comentamos aquí) donde este recurso compositivo está usado con magistralidad, fue una delicia.



La mujer justa (2005), traducida por Agnes Csomos, se presenta a través de tres voces, tres puntos de vista, tres sensibilidades diferentes. ¿El objetivo? Desentrañar una historia de pasión, mentiras, traición y crueldad concebida por Sándor Márai en los años cuarenta, los años de El último encuentro y Divorcio en Buda, la época más fértil y lúcida de la obra del gran escritor húngaro. Compuesta de tres monólogos, correspondientes a los tres personajes que conforman la novela, esta edición de Salamandra de La mujer justa reúne por primera vez en castellano las dos primeras partes, publicadas en 1941 en Hungría, y la tercera, escrita durante el exilio italiano de Márai y añadida a la versión alemana de 1949.

La multiplicidad de voces, el juego de perspectivas (dialogismo según Bajtín) del triángulo Ilonka-Peter-Judit permite la creación de un efecto óptico de mosaico enriquecedor de la verdad. Los personajes se dibujan unos a otros desde perspectivas y tonos distintos para construir perfiles complejos y poliédricos (como, al fin y al cabo, somos todos nosotros). Este carácter coral y polifónico le da un carácter ambiguo y fragmentario al texto. Nos invita a subrayar, matizar o contradecir continuamente todo lo que hemos leído, y el cuadro mental que nos hemos creado, pensando que nos estamos acercando, en este ejercicio, a "la verdad". Sin embargo, al llegar al final de la novela, recordamos que todo el artificio no fue más que un efecto óptico que nos confundió en nuestra ansiosa búsqueda de la ficticia realidad objetiva. 

Y aún así, nos dejamos seducir por las discrepancias en el relato. Nuestra conciencia interroga, trata de alcanzar el sentido de los hechos e intenta descifrar el universo que se nos presenta. Como lectores, evaluamos y reevaluamos con gusto porque recordamos que nuestra propia perspectiva es también restringida en sentido perceptual, epistemológico o ideológico.

Márai terminó el libro hacia el final de su carrera, con un espíritu de introspección demoledora. Se suicidó en 1989, y en el libro recoge su filosofía personal, formada a lo largo de una vida: sus actitudes hacia la verdad, la clase, la amistad, la soledad, la envidia, el amor, los celos, el trabajo, la moralidad burguesa, la cultura, el dinero y la muerte, y las revisita como mantras. Su integración en el texto es sutil, como si fuesen susurros o acotaciones y aún así, a veces absorben o diluyen el ruido de los soliloquios.

Cada narrador/a comienza dirigiéndose de forma urgente y familiar a un/a desconocido/a, y derramando sobre éste una historia hasta que se vacía la memoria, interrumpiendo el ritmo sólo para comprobar que el oyente sigue atento. 

Judit es quizás el personaje más poderoso. Es la obsesión de todos los narradores (incluida ella misma) y con ella revivimos también el brillo de un imperio en ruinas tras la II Guerra Mundial. 

Os dejo a continuación, una colección de citas de brillante y aguda inteligencia.

Muchísimas gracias a Dolores López  por la recomendación y a Alejandro Amor por el préstamo. Un libro inolvidable.

1


"El amor existe o no existe. ¿Qué más hay que saber? ¿En qué se convierte el sentimiento humano cuando detrás de él se esconden la intención y la conciencia? ¿Sabes?, cuando uno se va haciendo viejo se da cuenta de que todo es diferente de lo que pensaba: hay que ser mañoso en todo, hay que aprenderlo todo, incluso a amar (...) Somos humanos y todo lo que nos ocurre en la vida pasa por el filtro de la razón. Y a través de la razón se hacen soportables o insoportables nuestros sentimientos y nuestras pasiones. No basta con amar" (p.31)

"No se puede amar con segundas intenciones. No se puede amar con tanto crispamiento y delirio. ¿Quieres decir que sólo se puede amar así? Bueno, pues ésa era exactamente mi forma de amar" (p.35)

"Eso es lo que las mujeres no acaban de creer: ni quieren admitirlo ni pueden comprenderlo (...) Hay hombres que no necesitan amor, que pueden vivir perfectamente sin eso" (p.39)

"Todo esto, por supuesto, sin pronunciar palabra, como sucede con las cosas más graves y dolorosas. Cuando uno habla, llora o grita todo resulta más fácil" (p.42)

"Lo dijo casi con indiferencia, con tanta calma como sólo las personas mayores - que se están despidiendo de la vida - pueden demostrar, pues ya conocen el verdadero sentido de las palabras y, por lo tanto, no tienen nada que temer y respetan la verdad por encima de las normas humanas" (p.47)

"Siempre hay una mujer justa que vive en alguna parte" (p.49)

(Confesión con el sacerdote) "Una vez vino a mí una señora que amaba a un hombre, lo amaba tanto que lo mató. No lo mató con un cuchillo ni con veneno sino porque no le daba tregua, lo quería entero para ella, ansiaba quitárselo al resto del mundo. Pelearon durante mucho tiempo, hasta que un día el hombre se cansó y murió. La mujer lo sabía. El hombre se había ido a causa del agotamiento, de tanto luchar. Hija mía, tiene que saber que existen numerosas fuerzas entre los seres humanos y que las personas se matan unas a otras de muchas formas. No basta con amar, hija mía. El amor puede transformarse en un gran egoísmo. Hay que amar con humildad y tener mucha fe. La vida entera sólo tiene sentido si está animada por la fe. Dios ha dado amor a las personas para que puedan convivir mejor y soportar el mundo. Pero quien ama sin humildad pone una pesada carga sobre los hombros del otro" (p.57-58)

"(...) ese hombre era la imagen de la fidelidad. Me refiero a que no habría podido ser infiel aunque lo hubiera querido. Era fiel hasta con los objetos (...) Para él todo tenía el mismo valor, amaba el mundo y quería protegerlo de algo. A todo esto los hombres lo llaman cultura. Las mujeres, entre nosotras, tal vez no debemos usar palabras tan grandilocuentes, basta con que guardemos silencio y escuchemos con aspecto inteligente sus discursos abarrotados de expresiones latinas. Nosotras conocemos la esencia. Ellos conocen los conceptos. A menudo, ambas cosas no coinciden" (p.62)

"Ahora pensarás que soy una histérica. No, querida, soy una mujer y, por ende, soy a la vez una piel roja y una detective profesional, una santa y una espía cuando se trata del hombre al que amo. No me avergüenzo de ello. Dios me hizo así. Ésa es mi misión en la vida" (p.64)

"- He decidido conquistarlo y recuperarlo" 
- Imposible (...) Él nunca se ha alejado de su lado. Por eso es imposible. Se puede recuperar a alguien que es infiel. Se puede recuperar a alguien que se ha ido. Pero a alguien que ni siquiera ha llegado verdadera y definitivamente... No, eso es imposible" (p.71)

"Porque no se puede vivir sólo de la realidad, de lo práctico... También hace falta en la vida algo superfluo, llamativo y brillante, algo bello, aunque sea de una belleza barata. La mayoría de las personas no pueden vivir sin el deslumbramiento de la belleza" (p.92)

"- ¿Qué ocurre en el alma cuando nos enamoramos? (...)
- En el alma no ocurre nada (...) Los sentimientos no se manifiestan en el alma. Siguen otro camino. Pero pueden atravesar el alma como el río desbordado atraviesa las zonas inundadas" (p.114)

"Y de golpe comprendí que la persona justa no existe. Ni en el cielo ni en la tierra, ni en ningún otro lugar. Simplemente hay personas, y en cada una hay una pizca de la persona justa, pero ninguna tiene todo lo que esperamos y deseamos. Ninguna reúne todos los requisitos, no existe esa figura única, particular, maravillosa e insustituible que nos hará felices. Sólo hay personas. Y en cada una hay siempre un poco de todo, es a la vez escoria y un rayo de luz..." (p.130)

2


"Lo único seguro son los hechos, la realidad... Todas nuestras explicaciones de los acontecimientos están viciadas por un irremediable halo literario" (p.136)

"No creo que la familia dé la felicidad; nada puede hacernos felices. Pero tener una familia constituye una responsabilidad tan grande que por ella merece la pena soportar los problemas incomprensibles y los sufrimientos inútiles de la vida" (p.138)

"No saben que, a veces, vivir con calma es sólo cuestión de paciencia, porque la armonía que buscan con tanta ansiedad - y que erróneamente llaman felicidad- deriva de unos pocos y sencillos trucos" (p.142)

"Hace falta mucho valor para dejarse amar sin reservas. Un valor que es casi heroísmo. La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso. Le da vergüenza entregarse a otra persona y más aún rendirse a ella porque teme que descubra su secreto... el triste secreto de cada ser humano: que necesita mucha ternura, que no puede vivir sin amor" (p.146)

"Hasta cierto momento en nuestra vida, la soledad nos parece un castigo, nos sentimos como el niño al que dejan solo en un cuarto oscuro mientras los adultos conversan y se divierten en la habitación de al lado. Pero un día nosotros también nos hacemos adultos y descubrimos que, en la vida, la soledad, la verdadera, la elegida conscientemente, no es un castigo, ni siquiera es una forma enfermiza y resentida de aislamiento, sino el único estado digno del ser humano. Y entonces ya no es tan difícil soportarla. Es como vivir en un gran espacio donde siempre respiras un aire limpio" (p.167)

"¿Sabes?, cada persona tiene a alguien, en el proceso misterioso y terrible de la vida, que es su abogado defensor, su acusador, su vigilante, su juez y al mismo tiempo su cómplice. Esa persona es su testigo. Es el único que te conoce de verdad, por completo (...) El testigo pasa toda la vida en el fondo de la escena. Es un compañero de juegos bastante incómodo. Pero no puedes -ni quieres tal vez - librarte de él" (p.198)

"Los enamorados lloran y se prometen eterna fidelidad, juran permanecer siempre juntos, ayudarse y apoyarse; vivirán en la cima de una montaña o en una metrópoli... Pero luego pasa el tiempo, un año, tres años, un par de semanas - ¿te has fijado que el amor, como la muerte, tiene un tiempo que no se puede medir con el reloj ni con el calendario?- , y sus grandes proyectos fracasan, o no tienen el éxito esperado. Y entonces se separan, llenos de rencor o de indiferencia, y recuperan la esperanza o empiezan de nuevo a buscar otro compañero"  (pp.205-206)

"Los celos no son más que una forma innoble y miserable de orgullo" (p.207)

"(...) sólo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo. Quiero decir que sólo si te aproximas al libro con el ánimo dispuesto a herir y ser herido en el duelo de la lectura, a polemizar, a convencer y ser convencido, y luego, una vez enriquecido con lo que has aprendido, a emplearlo en construir algo en la vida o en el trabajo..." (p.215)

"Y los celos... ¿qué sentido tienen? ¿Qué hay detrás de ellos? Vanidad, por supuesto (...) el carácter de un ser humano está compuesto en su mayor parte de orgullo; el resto es una mezcla de deseos, generosidad, miedo a la muerte y sentido del honor" (p.241)

"Yo amigo mío, esperaba un milagro. ¿Qué milagro? Sencillamente, que el amor fuese eterno, que rompiera la soledad con su fuerza sobrehumana y misteriosa, que disolviera la distancia entre dos seres humanos y derribase todas las barreras artificiales que habían levantado la sociedad, la educación, el patrimonio, el pasado y los recuerdos" (p.247)

"El amor es una llama más siniestra, más trágica. Un día se enciende el deseo de conocer esa pasión destructiva. ¿Sabes?, cuando ya no quieres nada para ti, cuando no buscas el amor para estar más sano, más tranquilo, más satisfecho, sino que sólo quieres ser, por completo y aun a costa de tu vida. Ese sentimiento llega tarde, muchos no llegan a conocerlo nunca..." (pp.251-252)

"Dos personas que significan algo la una para la otra no pueden vivir guardando un secreto en el corazón. En eso consiste la traición. Lo demás ya no tiene importancia... son cosas del cuerpo, en la mayoría de los casos, un triste jadeo, nada más; amores calculados en lugares prefijados, amores por horas, carentes de espontaneidad... ¡qué tristes, qué mezquinos! Y detrás de todo hay un secreto canalla que infecta la convivencia, como si en alguna parte de la bonita casa, quizá bajo el canapé, hubiese un cadáver en descomposición" (p.258)

3


"Pero la riqueza no te la puedo describir como debería... (...) Como un viaje a un país extranjero donde la gente vive, come, bebe, nace y muere de una forma diferente" (p.296)

"Dijo que en un momento determinado todo se vuelve en nuestra contra porque nunca somos del todo libres, pues lo que hemos creado también nos ata y nos condiciona un poco" (p.298)

"La pobreza es lo peor... Y sin embargo, cuando entré en aquel cuarto no envidié a mi marido. Más bien sentí lástima por él, por haber crecido en aquel quirófano. Tuve la sensación de que alguien que crece en una habitación así no puede ser una persona sana y completa... ¡sólo puede parecerlo!" (p.302)

"¿Sabes?, esa patria, la verdadera, no está en el mapa. Y contiene muchas cosas. No sólo lo bueno y lo bello sino también lo desagradable y lo odioso" (p.309)

"Entonces me di cuenta de que las personas no aguantan para siempre las situaciones en que las pone la vida... ni los individuos ni las naciones... Llega un momento en que alguien empieza a gritar que ya basta, que hace falta un cambio. Y es cuando la gente se echa a la calle y empieza a destrozarlo todo... Pero eso sólo es un circo. La revolución, ¿sabes?, la verdadera, ya ha ocurrido antes, en silencio, en el interior de las personas" (p.317)

"No es verdad que los seres humanos sean todos unos monstruos egoístas. Hay algunos que están dispuestos a ayudar a sus semejantes. Pero lo que los impulsa a echar una mano al prójimo no es la bondad, menos aún la compasión. (...) a veces las personas son buenas porque tienen inhibiciones que les impiden actuar con maldad. Eso es lo máximo que una persona puede dar de sí... Y luego están los que son buenos porque son demasiado cobardes para ser malos" (p.363)

"Y al final, de todas las palabras escritas en todos los libros del mundo, le bastaba con unas pocas palabras húngaras, de esas que tienen un buen sabor, palabras tiernas que se deshacen en la boca..." (p.410)