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Monday, March 20, 2023

Luns Musicais (III): La luna llena

De orixe chilena, Pascuala Ilabaca ten unha voz marabillosa. Xa a trouxéramos nestoutra entrada onde musicaba o poema "En tierras blancas de sed" de Gabriela Mistral, e hoxe recuperámola para os #LunsMusicais #DillunsMusicals #LunsMusicais #AstelehenMusikalak #LunesMusicales.

Pascuala Ilabaca

LA LUNA LLENA


A chuvia arroia
e tes a cara mollada.
Perfilo co dedo índice
o contorno
buscando abrigarte
pa que arreglís la sonrisa,
así no te quiero ver.

Preguntas,
sombras,
e medos 
que nos borran
mentres
La luna llena, la luna llena
descarada,
nua no frío do negro.

Labirintos de palabras,
olladas desesperadas,
soños insoportables.

Espertamos 
e atopo o mel. 
Saco a coitela porque
como si fuerai sandía
como si fuerai panal
hay que partirte a pedazos
pa que te dejés amar.

Nin milagres
nin amores estraños,
ando llorando por un panal
donde dejé mi cuchillo.

Friday, January 25, 2019

The Heart in Poems: Gabriela Mistral (VII)



A LOS NIÑOS

Después de muchos años, cuando yo sea un montoncito de polvo callado, jugad conmigo con la tierra de mi corazón y de mis huesos. Si me recoge un albañil, me pondrá en un ladrillo, y quedaré clavada para siempre en un muro, y yo odio los nichos quietos. Si me hacen ladrillo de cárcel, enrojeceré de vergüenza oyendo sollozar a un hombre; y si soy ladrillo de una escuela, padeceré también de no poder cantar con vosotros en los amaneceres.

Mejor quiero ser el polvo con que jugáis en los caminos del campo. Oprimidme: he sido vuestra; deshacedme, porque os hice; pisadme, porque no os di toda la verdad y toda la belleza. O, simplemente, cantad y corred sobre mí, para besaros las plantas amadas...

Decid, cuando me tengáis en las manos, un verso hermoso y crepitaré de placer entre vuestros dedos. Me empinaré para miraros, buscando entre vosotros los ojos, los cabellos de los que enseñé.

Y cuando hagáis conmigo cualquier imagen, ¡rompedla a cada instante, que a cada instante me rompieron los niños de ternura y dolor!

Monday, March 19, 2018

Wednesday, March 7, 2018

Hands in Poems: Gabriela Mistral (V)


Confesión
I

- Pende en la comisura de tu boca,
pende tu confesión, y yo la veo:
casi cae a mis manos.

Di tu confesión, hombre de pecado,
triste de pecado, sin paso alegre, 
sin voz de álamos, lejano de los que amas,
por la culpa que no se rasga como el fruto.

Tu madre es menos vieja
que la que te oye, y tu niño es tan tierno
que lo quemas como un helecho si se la dices.

Yo soy vieja como las piedras para oírte,
profunda como el musgo de cuarenta años,
para oírte;
con el rostro sin asombro y sin cólera,
cargado de piedad desde hace muchas vidas,
para oírte.

Dame los años que tú quieras darme,
y han de ser menos de los que yo tengo,
porque otros ya, también sobre esta arena,
me entregaron las cosas que no se oyen en vano,
y la piedad envejece como el llanto
y engruesa el corazón como el viento a la duna.

Di la confesión para irme con ella
y dejarte puro.
No volverás a ver a la que miras
ni oirás más la voz que te contesta;
pero serás ligero como antes
al bajar las pendientes y al subir las colinas,
y besarás de nuevo sin zozobra
y jugarás con tu hijo en unas peñas de oro.

II

Ahora tú echa yemas y vive
días nuevos y que te ayude el mar con todos.
No cantes más canciones que supiste
y no mientes los pueblos ni los valles
que conocías, ni sus criaturas.
¡Vuelve a ser el delfín y el buen petrel
loco de mar y el barco empavesado!

Pero siéntate un día
en otra duna, al sol, como me hallaste,
cuando tu hijo tenga ya treinta años,
y oye al otro que llega,
cargado como de alga el borde de la boca.
Pregúntale también con la cabeza baja,
y después no preguntes, sino escucha
tres días y tres noches.
¡Y recibe su culpa como ropas
cargadas de sudor y de vergüenza
sobre tus dos rodillas!

En Tala/Lagar (2005)

Saturday, February 17, 2018

Hands in Poems: Gabriela Mistral (IV)


Ausencia

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo de tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
o de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuera, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

En Tala/Lagar (2005)

Sunday, January 14, 2018

The Heart in Poems: Gabriela Mistral (III)


La rosa

La riqueza del centro de la rosa
es la riqueza de tu corazón.
Desátala como ella:
su reñidura es toda tu aflicción.

Desátala en un canto
o en un tremendo amor.
No defiendas la rosa:
¡te quemaría con el resplandor!

En Tala/Lagar (2005)

Monday, December 4, 2017

Hands in Poems: Gabriela Mistral (II)



La memoria divina

A Elsa Fano

Si me dais una estrella,
y me la abandonáis, desnuda ella
entre la mano, no sabré cerrarla
por defender mi nacida alegría.
Yo vengo de una tierra 
donde no se perdía.

Si me encontráis la gruta 
maravillosa, que como una fruta
tiene entraña purpúrea y dorada,
no cerraré la gruta,
ni a la serpiente ni a la luz del día,
que vengo de una tierra
donde no se perdía.

Si vasos me alargaseis,
de cinamomo y sándalo, capaces
de aromar las raíces cuando yerra,
a cualquier playa los confiaría,
que vengo de una tierra
en que no se perdía.

Tuve la estrella viva en mi regazo,
y entera ardí como un tendido ocaso.
Tuve también la gruta en que pendía
el sol, y donde no acababa el día.
Y no supe guardarlos,
ni entendía que oprimirlos era amarlos.
Dormí tranquila sobre su hermosura
y sin temblor bebía en su dulzura.

Y los perdí, sin grito de agonía,
que vengo de una tierra
en donde el alma eterna no perdía.

En Tala/Lagar (2005)





Thursday, March 2, 2017

Personal Correspondence: Carta de Gabriela Mistral para las Victorias Regias

Hemos hablado sobre Gabriela Mistral en una anotación anterior, y gracias a Miro Villar, os dejo esta carta-discurso de Gabriela Mistral para las Victorias Regias, leído el 31 de agosto de 1944, por Georgina Durand en el "Encuentro de Poesía Femenina Brasileña".

En ella, Mistral habla de las fronteras idiomáticas que separan a las culturas, expresa su agradecimiento a la "poesía mujeril" brasileña y se lamenta de la poca difusión tanto de la poesía como del libro femenino. Finalmente, se despide con una hermosa expresión de compromiso: "Cada vez que me es dable servir a Brasil con la palabra yo lo hago con una obediencia de niño asombrado de su grandeza".



Wednesday, October 5, 2016

Letters in Poems and Music: Gabriela Mistral

Miro Villar compartió el enlace a este artículo de Literariedad,  una revista digital semanal que tiene como objetivo, en palabras propias, responder "a la idea de poeta que suscitó Jaime Sabines: “No soy un poeta, soy un peatón”, de modo que la literatura, el cine y el teatro, así como todas las obsesiones de la vida, y de la muerte, se asumen como calles, lugares de encuentro y desencuentro, [buscando] difundir la crítica, la ficción, la poesía (y el pensamiento en torno a la misma) sin ninguna razón más que la de existir como todas las cosas: por un impulso ciego y desbocado".

El artículo incluye un podcast de 25 minutos perteneciente a una serie de programas de "Baúl de Cartas" que se emiten en la Emisora Cultural de Pereira Remigio Antonio Cañarte cada lunes y que se pueden escuchar en Soundcloud. Baúl de cartas "es un espacio con olor a letras, a polvo, a cartas, a historias, donde la literatura y la música se unen para dar a conocer a grandes personajes".

Este programa se centra en la figura de Gabriela Mistral, seudónimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, una poeta, diplomática, feminista y pedagoga chilena. Hija de un maestro de escuela, trabajó como profesora de secundaria, directora e inspectora, estudió escuelas y métodos educativos en diversos países. Fue (y es) la única mujer de Latinoamérica en obtener un Premio Nobel de Literatura (1945). Es llamada "la poetisa de América", "la voz más pura y auténtica del espíritu americano". Sus Sonetos de la muerte, fantásticos, desgarradores, están dedicados a Rogelio Ureta, funcionario de ferrocarril que se suicidó con 17 años y que se dice que fue el gran amor de Gabriela.

El podcast alude también a la correspondencia de la poeta, en particular dos cartas. Una de ellas de entre los centenares que envió a Manuel Magallanes Moure confesándole su amor:

"Todo me lo has barrido (...) No tengo tibieza de brazos, palabras afectuosas y actitud de amor sino para ti (...) Soy seca. Soy dura. Soy cortante (...)"

Y otra fechada en 1912 en los Andes a Rubén Darío, expresándole su admiración de una forma ferviente y tierna:

"Yo le mando en estas hojas extensas toda aquella pura y fragante que es el querer (...) Poeta, soy una mujer flaca, y por lo tanto soy maestra (...) He dado en la debilidad de querer hacer cuentos y estrofas para mis pequeñas, y las he hecho (...) Usted me mete en mi cuento, en mis estrofitas, hiladas volantes en una cosa inútil y vulgar..."

Os recomiendo escuchar el podcast completo, que incluye una lectura de la poeta del texto "La casa", así como varias canciones, musicalizaciones de poemas de Violeta Parra. Os dejo una de ellas, de Pascuala Ilabaca musicalizando el poema "En tierras blancas de sed".



"En tierras blancas de sed"

Hincho mi corazón para que entre
como cascada ardiente el Universo.
El nuevo día llega y su llegada
me deja sin aire.
Canto como la gruta que se llena
canto a mi día nuevo.
Canto.

En tierras blancas de sed
partidas de abrasamiento,
los cristos llamados cactus
vislumbran desde lo eterno.

Y el espino y el espino
braceando su desespero.

La tierra crispada y seca
se aparea con sus muertos.

Y el espino y el espino
braceando su desespero.

Y el chañar cociendo el fruto
del sol que se lo arde entero.

Soledades, soledades,
desatados peladeros.

Un río que suena
no sé dónde, de aguas
se me viene al pecho
y que es de cascada.
Me paro y escucho
sin ir a buscarla
¡agua, mama mía
hija mía, agua!