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Monday, July 9, 2018

Words in Poems: Luis Cernuda (VI)


Te quiero. 

Te lo he dicho con el viento, 
jugueteando como animalillo en la arena 
o iracundo como órgano impetuoso; 

Te lo he dicho con el sol, 
que dora desnudos cuerpos juveniles 
y sonríe en todas las cosas inocentes; 

Te lo he dicho con las nubes, 
frentes melancólicas que sostienen el cielo, 
tristezas fugitivas; 

Te lo he dicho con las plantas, 
leves criaturas transparentes 
que se cubren de rubor repentino; 

Te lo he dicho con el agua, 
vida luminosa que vela un fondo de sombra; 
te lo he dicho con el miedo, 
te lo he dicho con la alegría, 
con el hastío, con las terribles palabras. 

Pero así no me basta: 
más allá de la vida, 
quiero decírtelo con la muerte; 
más allá del amor, 
quiero decírtelo con el olvido.

Wednesday, May 23, 2018

Hands in Poems: Luis Cernuda (V)




Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman, 
parece como el viento que se mece en otoño 
sobre adolescentes mutilados, 
mientras las manos llueven, 
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas, 
cataratas de manos que fueron un día 
flores en el jardín de un diminuto bolsillo. 

Las flores son arena y los niños son hojas, 
y su leve ruido es amable al oído 
cuando ríen, cuando aman, cuando besan, 
cuando besan el fondo 
de un hombre joven y cansado 
porque antaño soñó mucho día y noche. 

Mas los niños no saben, 
ni tampoco las manos llueven como dicen; 
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños, 
invoca los bolsillos que abandonan arena, 
arena de las flores, 
para que un día decoren su semblante de muerto.

Saturday, April 14, 2018

Words in Poems: Luis Cernuda (IV)




OSCURIDAD COMPLETA

No sé por qué, si la luz entra, 
Los hombres andan bien dormidos, 
Recogiendo la vida su apariencia 
Joven de nuevo, bella entre sonrisas, 

No sé por qué he de cantar 
o verter de mis labios vagamente palabras; 
Palabras de mis ojos, 
Palabras de mis sueños perdidos en la nieve. 

De mis sueños copiando los colores de nubes, 
De mis sueños copiando nubes sobre la pampa.

Monday, January 29, 2018

Words in Poems: Luis Cernuda (III)



No decía palabras, 
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, 
porque ignoraba que el deseo es una pregunta 
cuya respuesta no existe, 
una hoja cuya rama no existe, 
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos, 
remonta por las venas 
hasta abrirse en la piel, 
surtidores de sueño 
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso, 
una mirada fugaz entre las sombras, 
bastan para que el cuerpo se abra en dos, 
ávido de recibir en sí mismo 
otro cuerpo que sueñe; 
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne, 
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. 
Auque sólo sea una esperanza 
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Monday, November 13, 2017

The Heart in Books: Los días felices



El pasado día 3 de noviembre pudimos asistir a la presentación de Los días felices (2017) de Mara Torres, un encuentro en la librería Cronopios en la que la autora y Ana Cermeño comentaron algunos aspectos relevantes del libro.



Hicieron referencia al proceso de escritura, a la razón por la que Mara Torres empezó a escribir, que fue la emoción que la embargó cuando le regalaron un perro cuando era pequeña y sintió la necesidad de describir esa experiencia en un diario. En cuanto a la propia novela, nos contó que empleó tres años en escribir unas ochocientas páginas que después se quedaron en trescientas. Durante ese proceso de escritura, pensaba en su hermana pequeña que murió un año después de publicarse La vida imaginaria.  

Tanto Cermeño como Torres aludieron al hecho de que es una novela "muy desnuda, un retrato sentimental e íntimo", en el cual no hay descripción de ambientes, actualidad o referencias a la sociedad porque lo que buscaba era centrarse en ese retrato para evadirse de su realidad, en la que ya hay suficiente contenido social y político.

Terminó su intervención Mara Torres hablando del amor platónico como germen de la novela. Un amor platónico entendido como el amor que no se gasta, "ese que se queda colgando con pinzas en la cuerda de tender que es el tiempo", muy en la línea de los versos de Luis Cernuda de la introducción: "Aunque solo sea una esperanza / porque el deseo es una pregunta cuya / respuesta nadie sabe".

Los días felices  constituye un vibrante relato de cómo uno se ve forzado a redefinirse en cada etapa de su vida al tiempo que es también una apología del amor platónico. La novela es una combinación de encanto, calidez y simplicidad.

"Y que si el ser humano quiere saber cómo es su vida, solamente tiene que observar su día de cumpleaños cada cinco años desde la mañana hasta la noche: en qué cama se despierta, qué hace durante la jornada, con quién se relaciona, de qué van sus conversaciones, qué personas están alrededor de su tarta, qué regalos recibe y en qué circunstancias vuelve a cerrar los ojos para dormir. Porque cada cinco años, dijo aquel sabio, el mundo cambia, y cuando uno se quiere dar cuenta, es otro" (p.42)

La emoción abre el camino al humor en intervalos regulares a lo largo de la novela, y el resultado es un texto fresco y crujiente, con personajes genuinos que lo son básicamente por su lenguaje, que es espejo de la vida.

El argumento del libro le da una nueva dimensión al título (incluso a la ilustración de la portada), una que nos toca como lectores y que nos hace recordar lo que Mara Torres dijo en la conclusión de su presentación: "Los días felices nunca pasaron. Los mejores están siempre por llegar".

La historia de Los días felices merece una lectura porque celebra algo que todos queremos experimentar: la vida y el amor.

"Ante el miedo a que se gasten las cosas me zambullo en ellas como si me fuera la vida, de cabeza y sin comprobar si hay agua en la piscina" (p.11)

"Claudia jugaba con una servilleta de papel haciéndole dobleces y a Miguel se le calentó el corazón" (p.14)

"Un latido distinto al resto le desordenó el corazón, pero no era momento de pensar en eso ahora" (p.24)

"Porque la vida es solo eso: vida", había dicho Claudia hablando de no sé qué" (p.33)

"... los dos sabían que solo estaban jugando a intentar quererse" (p.62)

"... durante aquel verano se sintió tan dichoso que llegó a escribir una nota para que la leyeran en su funeral si tenía un accidente y se mataba. "Si fue con la Vespa, que sepáis todos que morí sin querer y jodidamente feliz"" (p.65)

"Sus relaciones podían durar días, quincenas o incluso meses, pero en cuanto intuía que se acercaban a lo que él denominaba "El maldito punto de inflexión", cortaba sin miramientos, no porque tuviera una patología que le impidiera amar, sino porque temía llegar a ese maldito punto de no retorno a partir del cual las parejas podían alargarse y alargarse hasta el infinito" (p.81)

"Que el amor es mentira, un estado donde la realidad y la ficción juegan a confundirse y nos convierte en unos impostores. Amamos sin saber no solo a quién amamos, sino quiénes somos" (p.94)

"Siempre seremos lo que fuimos en el patio del colegio" (p.125)

"Cuando lo prohibido se convierte en permitido, termina la magia. Cuando lo clandestino se convierte en público, pierde la emoción y la excitación" (p.150)

"... llevo un tiempo dando vueltas a intentar entender qué estamos haciendo con nuestra vida. ¿No te das cuenta? La hemos pasado planificando lo que haríamos cuando de verdad fuéramos felices" (p.170)

"Y te fuiste porque te venía muy bien que yo me convirtiera en tu amor platónico, el que nunca se gasta, el que te permite fantasear, imaginar, idolatrar, el amor del que nunca podrías cansarte" (p.200)



Saturday, October 14, 2017

Words in Poems: Luis Cernuda (II)



Cómo llenarte, soledad, 
sino contigo misma... 

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, 
quieto en ángulo oscuro, 
buscaba en ti, encendida guirnalda, 
mis auroras futuras y furtivos nocturnos, 
y en ti los vislumbraba, 
naturales y exactos, también libres y fieles, 
a semejanza mía, 
a semejanza tuya, eterna soledad. 

Me perdí luego por la tierra injusta 
como quien busca amigos o ignorados amantes; 
diverso con el mundo, 
fui luz serena y anhelo desbocado, 
y en la lluvia sombría o en el sol evidente 
quería una verdad que a ti te traicionase, 
olvidando en mi afán 
cómo las alas fugitivas su propia nube crean. 

Y al velarse a mis ojos 
con nubes sobre nubes de otoño desbordado 
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos, 
te negué por bien poco; 
por menudos amores ni ciertos ni fingidos, 
por quietas amistades de sillón y de gesto, 
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, 
por los viejos placeres prohibidos 
como los permitidos nauseabundos, 
útiles solamente para el elegante salón susurrado, 
en bocas de mentira y palabras de hielo. 

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona 
que yo fui, 
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; 
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, 
limpios de otro deseo, 
el sol, mi dios, la noche rumorosa, 
la lluvia, intimidad de siempre, 
el bosque y su alentar pagano, 
el mar, el mar como su nombre hermoso; 
y sobre todo ellos, 
cuerpo oscuro y esbelto, 
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, 
y tú me das fuerza y debilidad 
como el ave cansada los brazos de la piedra. 

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, 
oigo sus oscuras imprecaciones, 
contemplo sus blancas caricias; 
y erguido desde cuna vigilante 
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, 
por quienes vivo, aún cuando no los vea; 
y así, lejos de ellos, 
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, 
roncas y violentas como el mar, mi morada, 
puras ante la espera de una revolución ardiente 
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo 
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. 

Tú, verdad solitaria, 
transparente pasión, mi soledad de siempre, 
eres inmenso abrazo; 
el sol, el mar, 
la oscuridad, la estepa, 
el hombre y su deseo, 
la airada muchedumbre, 
¿qué son sino tú misma? 

Por ti, mi soledad, los busqué un día; 
en ti, mi soledad, los amo ahora.

Wednesday, September 27, 2017

Letters in Poems: Luis Cernuda


Luis Cernuda

Dans ma péniche

Quiero vivir cuando el amor muere; 
muere, muere pronto, amor mío. 
Abre como una cola la victoria purpúrea del deseo, 
aunque el amante se crea sepultado en un súbito otoño, 
aunque grite: 
Vivir así es cosa de muerte. 

Pobres amantes, 
clamáis a fuerza de ser jóvenes; 
sea propicia la muerte al hombre a quien mordió la vida, 
caiga su frente cansadamente entre las manos 
junto al fulgor redondo de una mesa con cualquier 
triste libro 
pero en vosotros aún va fresco y fragante 
el leve perejil que adorna un día al vencedor adolescente. 
Dejad por demasiado cierta la perspectiva de alguna nueva 
tumba solitaria. 
Aún hay dichas, terribles dichas a conquistar bajo la luz 
terrestre. 
Ante vuestros ojos, amantes, 
cuando el amor muere, 
vida de la tierra y la vida del mar palidecen juntamente; 
el amor, cuna adorable para los deseos exaltados, 
los ha vuelto tan lánguidos como pasajeramente suele 
hacerlo 
el rasguear de una guitarra en el ocio marino 
y la luz del alcohol, aleonado como una cabellera; 
vuestra guarida melancólica se cubre de sombras 
crepusculares 
todo queda afanoso y callado. 

Así suele quedar el pecho de los hombres 
cuando cesa el tierno borboteo de la melodía confiada, 
y tras su delicia interrumpida 
un afán insistente puebla el nuevo silencio. 

Pobres amantes, 
¿de qué os sirvieron las infantiles arras que cruzasteis, 
cartas, rizos de luz recién cortada, seda cobriza o negra 
ala? 
Los atardeceres de manos furtivas, 
el trémulo palpitar, los labios que suspiran, 
la adoración rendida a un leve sexo vanidoso, 
los ay mi vida y los ay muerte mía, 
todo, todo, 
amarillea y cae y huye con el aire que no vuelve. 

Oh, amantes, 
encadenados entre los manzanos del edén, 
cuando el amor muere, 
vuestra crueldad; vuestra piedad pierde su presa, 
y vuestros brazos caen como cataratas macilentas, 
vuestro pecho queda como roca sin ave, 
y en tanto despreciáis todo lo que no lleve un velo funerario, 
fertilizáis con lágrimas la tumba de los sueños, 
dejando allí caer, ignorantes como niños, 
la libertad, la perla de los días. 

Pero tú y yo sabemos, 
río que bajo mi casa fugitiva deslizas tu vida experta, 
que cuando el hombre no tiene ligados sus miembros 
por las encantadoras mallas del amor, 
cuando el deseo es como una cálida azucena 
que se ofrece a todo cuerpo hermoso que fluya a 
nuestro lado, 
cuánto vale una noche como ésta, indecisa 
entre la primavera última y el estío primero, 
este instante en que oigo los leves chasquidos del bosque 
nocturno. Conforme conmigo mismo y con la indiferencia 
de los otros, 
solo yo con mi vida, 
con mi parte en el mundo. 

Jóvenes sátiros 
que vivís en la selva, labios risueños 
ante el exangüe Dios cristiano, 
a quien el comerciante adora para mejor cobrar 
su mercancía 
pies de jóvenes sátiros, 
danzad más presto cuando el amante llora, 
mientras lanza su tierna endecha 
de: Ah, cuando el amor muere. 
Porque oscura y cruel la libertad entonces ha nacido; 
vuestra descuidada alegría sabrá fortalecerla, 
y el deseo girará locamente en pos de los hermosos 
cuerpos que vivifican el mundo un solo instante.