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Thursday, January 17, 2019

The Heart in Books: Sostiene Pereira (II)


Hace poco más de un año descubría la belleza intensa de una narrativa que combina la delicadeza y el desasosiego, la novela Afirma Pereira (1994) del italiano Antonio Tabucchi (1943-2012) que os conté en esta entrada anterior.

A través de las mismas manos me llegó también la versión en novela gráfica de Pierre-Henry Gomont (2017), traducida por Carlos Gumpert. La materia prima -el texto original- es brillante, pero la novela gráfica de Sostiene Pereira es igualmente magnífica, una antología de ilustraciones que permiten varias lecturas, uniendo a veces una línea de texto con doce imágenes o una imagen con múltiples diálogos. 

Es de un lirismo delicioso, con ilustraciones de fuego e hielo que van desde la calidez de la luz de los tonos ocres y naranjas de los edificios lisboetas a la frialdad de la noche del régimen salazarista en azules y verdes estremecedores. La capa simbólica de las múltiples almas de Pereira se mantiene de principio a fin hasta el triunfo del yo hegemónico que tan acertadamente vaticina el Doctor Cardoso.




Saturday, January 5, 2019

Great Books: The Shape of Ideas


“Everyone has something creative that they want to do that they’re not living up to, or maybe they’ve taken a wrong turn”
Grant Snider


Grant Snider summarizes his bio in the following terms:
Grant lives in Wichita, Kansas with his wife, daughter, and two sons, where he also practices orthodontics. You can often find him carrying a sketchbook, lost in his own thoughts. 
His book, The Shape of Ideas. An Illustrated Exploration of Creativity is undoubtedly one of the most beautiful things I own.


He took up cartooning when he was about to start dental school. In college, he used it to blow off steam after a tough class and now he continues to do it to stay in touch with his inner life.

Paradoxically, by reading (and eyeing) his book we get in touch with our own inner life, and it is heartwarming. The colour range, the expressive force of the apparently simple drawings, and the delicate tone all ally to make the reading experience memorable. It is an emotional homage to our frustrations and failures, to our habits, dreams and hopes.

If I were to choose only one book out of the ones I read in 2018, it'd most definitely be this one.

Source: Incidental Comics


To learn more:

Wednesday, November 8, 2017

Letters in Books: Maus

No controlo mucho de novela gráfica ni la leo a menudo, sobre todo por desconocimiento. De hecho, tengo que dar muchas gracias a mis antiguos alumnos Jontxu Argibay y Eva Blanco por introducirme al género, porque fue a partir de la recomendación de uno y la reseña de otra que redescubrí el género como adulta, a través de V for Vendetta y Persepolis, dos grandes tesoros.

El género tiene una historia más rica y más larga en Japón (manga) o en Francia (bandes dessinées), pero también está tomando impulso en otros países, con escritores y escritoras que se sienten atraídos por las posibilidades que ofrece y la riqueza y la diversidad de los temas que se pueden explorar.

Para leer novela gráfica, creo que lo importante es tomárselo con calma. Puede que parezcan una “lectura ligera”, pero no es así. Tienen poco texto, sí, pero eso no implica que la lectura sea más rápida o superficial, sino que puedes pasarte tu tiempo empapándote del arte que subyace a la elección cuidadosa de palabras. A menudo tienes que releer algunos pasajes o voltear la hoja para entender realmente lo que nos quieren decir el autor y/o ilustrador o captar todos los matices de las imágenes.

La novela gráfica tiene una riqueza ajena a otro tipo de texto, y sólo por eso, merece la pena explorar el género. Aún así, si no os he convencido, quizás lo haga este artículo, o la reseña de Maus, de Art Spiegelman, que fue además la primera novela gráfica en ganar un premio Pulitzer (1992).

Maus es un cómic alternativo serializado desde 1980 hasta 1991 en la revista RAW,  que más tarde se publicó en dos partes (“Mi padre sangra historia” y “Y aquí comenzaron mis problemas”); y finalmente en un solo volumen con el título Maus. A Survivor’s Tale (2007). El volumen que llegó a mis manos, gracias a un préstamo de Alejandro Amor, fue la versión traducida al español por Cruz Rodríguez Juiz (2014).

El libro hace uso de técnicas postmodernistas, entre la que llama poderosamente la atención la representación de la demografía sociocultural como diferentes tipos de animales: los judíos como ratones blancos, los polacos no judíos como cerdos y los nazis como gatos, todos ellos interactuando en una Europa en guerra que no es sino una trampa gigante para ratones. Con este pastiche, Spiegelman nos hace abrazar el pathos y logos de su relato histórico.

Más allá de ser la historia de un superviviente, como se anuncia en el título en inglés, es la anatomía cruel de la legendaria familia judía y sus tensiones inherentes. Lejos queda la perfecta armonía familiar que oculta patologías latentes. En Maus, Artie intenta entender a su padre Vladek a través de su historia vital: ¿Quizás es culpa de “los campos”? ¿Quizás la experiencia en “Mauschwitz” es la solución al enigma de unos padres desamorados? 

Un segundo hilo argumental interrumpe y colisiona con la historia de Vladek: el relato del propio Art, de la escritura del libro, y de la relación entre el hijo americano y el padre polaco superviviente al Holocausto.

El objetivo de Spiegelman es plasmar la historia de su padre con exactitud, con sus taras e imperfecciones, en un relato mucho más humano que muchas de las autocanonizaciones idealizadas por el Holocausto. Al llegar a la última página, no nos cabe duda de que el propósito se ha cumplido. 

A mayores, el segundo hilo argumental que apuntábamos nos implica en el relato de Spiegelman, recordándonos la importancia de escuchar la historia de nuestros padres y abuelos, y su papel indispensable para entender nuestra propia vida actual. La vida de Art Spiegelman se ve afectada por el Holocausto, lo quiera o no, y es insoportablemente duro para ambos, pues cada uno se atrinchera en su posición y no cede ni un ápice. Ni padre ni hijo pueden ver a través de los ojos del otro y sus opiniones se vuelven polarizadas, y quizás por eso siguen siendo ratones en el presente, no hombres.

Maus se alinea con el postmodernismo y esa continua duda de que existan las verdades absolutas y que se puedan identificar; o la concepción de que el pasado no se puede representar de forma exacta. De ahí los recuerdos fragmentarios, carentes de estructura lineal de Vladek, y de ahí también que nosotros cuestionemos la interpretación que Art hace de la historia de su padre. 

Este ahistoricismo y la desconfianza que se nos genera es todo un logro. Además, Spiegelman es un magnífico dibujante, así, en un par de viñetas y con imágenes muy simples pero oscuras, el mundo de la persecución y la tortura se vuelve tridimensional. En lo que respecta a los diálogos, demuestra tener un oído tan avezado como Alan Bennett.

Pasado y presente se amalgaman en las mismas páginas y secciones, y ya nos ha cogido a través del despiste. Perdemos la conexión con la historia y todos los indicadores que en general nos llevan al pasado (por ejemplo el color o la ropa, como hace en el cómic dentro del cómic). Maus no hace uso de esos códigos y símbolos, y nos desafía abiertamente a separar entre pasado y presente, entre la historia de Art y la de Vladek. Esa difuminación nos ayuda a conectar con las emociones embebidas en ambos hilos argumentales.










Tuesday, June 7, 2016

Writing in Books: Los últimos días de Stefan Zweig

As a memento of an unforgettable getaway to Madrid and the usual visit to CaixaForum, I have this exceptional book, a present from Laura and Silky, who have an outstanding ability to always buy the perfect gift. Los últimas días de Stefan Zweig (2012) is the story written by Laurent Seksik (with amazing watercolors by Guillaume Sorel) recounting the last days of the Austrian writer who fled from his home country due to his Jewish origin and who ended up committing suicide alongside his second wife Charlotte Elisabeth Altman in Petrópolis, convinced that Nazism would end up destroying the earth after Singapore fell in February 1942. 





The story escapes drama and indulges in the sensitivity of a few days loaded with nostalgia for the old country that Zweig considered lost due to the devastating takeover by the nazi ideology. A tragedy told with a deep human touch.






Thanks girls, from time to time I like to revisit the story and discover new gems both in the text and the watercolors.