Showing posts with label Museo Thyssen-Bornemisza. Show all posts
Showing posts with label Museo Thyssen-Bornemisza. Show all posts

Friday, September 22, 2017

Letters in Books: Notas sobre Venecia




Las librerías de los museos siempre merecen la pena, pues nos agasajan con algún descubrimiento inesperado. Uno de ellos lo encontré en el Museo Thyssen-Bornemisza, que tiene una selección muy interesante con motivo de la exposición sobre El Renacimiento en Venecia (hasta el 24 de septiembre).

Se trata del libro de Juan Lamillar Notas sobre Venecia (2017). Cuatro citas abren el volumen, de las que destaco dos, una de Théophile Gautier: "Venecia, inspiradora eterna de nuestros sosiegos"; y la otra de Rainer Maria Rilke: "Esta ciudad de ensueño que, en esencia, recuerda a una escena reflejada en un espejo".

A continuación, Lamillar presenta un scrapbook de evocaciones de viajeros y residentes en Venecia junto con sus propias anotaciones fugaces, impresiones sobre los símbolos, la atmósfera,  los inventos vénetos o los artistas. Pero más allá de la Venecia de la pintura de la música y de los libros, también nos lleva de visita a los cementerios, los barrios de putas, las iglesias y los museos. 

"Cuadros convertidos en nuevos cuadros según nuestro gusto personal. El cuadro escogido se divide y se multiplica. Lo que era un soneto o un poema extenso se convierte en una galería de estrofas sueltas, en una antología de versos aislados y certeros, memorables" (p.16)

Nos hace recomendaciones:

"... a Venecia hay que llegar en barco porque hacerlo en tren es como entrar en una casa por la escalera de servicio" (p.11), aunque si se llega en tren, como Lamillar en su primera visita de 1985, es también mágico, como dijo Juan Gil-Albert "Salir a pie llano de una estación de ferrocarril como tantas y encontrarse en una ciudad mecida en las aguas sorprende como una especie de irrealidad" (p.13)

"Propósito de no componer (dentro de lo posible) la figura del turista en Venecia. Para ello: no góndolas (...), no cafés en el Florian o en el Cuadro, no cristal de Murano (...), no máscaras (...), no vespertinos conciertos de Vivaldi en iglesias dieciochescas a cargo de inciertas orquestas de cámara que conjugan en sus nombres virtuosismo y venecialidad" (p.31)

Revisita los estereotipos de la ciudad:

Josep Pla en sus Cartas de Italia"Navegar en góndola es como pasar una pluma de perdiz joven sobre una cucharada de jarabe de toronja" (p.17)

"Y del canto de los gondoleros a su caligrafía, ya que para Régnier son "escribas de las aguas" que inscriben "con el extremo de los largos remos, en la superficie de los canales y sobre la página fluida de la laguna, las letras de un misterioso alfabeto" (p.63)

"Una ciudad cuadrícula, donde todas las medidas, todos los acentos y todas las rimas debían ser los justos y necesarios para crear el soneto perfecto" (p.42)

Enriquece el relato con cartas y postales:

"Cuenta Pedro Salinas en una carta a Katherine Whitmore que en 1939 conoció en México a un "tipo curioso" que decía que "en Venecia todas las calles están abnegadas" y que "no se puede circular más que en glándulas" (p.79)

Tres postales desde el Lido (pp.115, 116) de François Mauriac, Ferdinand Bac y del New York Times.

... y anécdotas:

"... según Cunqueiro, fueron los venecianos, en el siglo XVII, los que enseñaron a Europa cómo tomar café y establecieron cuatro condiciones para el brebaje: "Dulce como el amor, puro como un ángel, negro como el demonio y caliente como el infierno" (p.58)

"El fuego y el agua para poner fin, para echar sombras sobre la relación entre dos novelistas: Constance Fenimore Woolson y Henry James. Algunos biógrafos sostienen que la novelista estaba enamorada del novelista, y que ese amor, al parecer imposible por la discreta homosexualidad de James, propició el suicidio de Constance en Venecia, en 1894. Por indicación de la familia, Henry James acudió a la ciudad para hacerse cargo de las pertenencias: primero quemó las cartas que él le había enviado, y luego no tuvo mejor idea para deshacerse de sus vestidos que salir en góndola al Gran Canal y arrojarlos al agua. En vez de hundirse, los vestidos flotaron alrededor de la góndola, como si fueran fantasmas de colores que revivían historias del pasado, una emboscada textil para el americano impasible" (p.87)

Más allá de los confines de Venecia, evoca en nuestra mente paralelismos con Sevilla (la crestería de la Virgen de la Concepción), con El Prado (Retrato de muchacha de Tintoretto) o con la mezquita de Córdoba entre otros.

Y siempre dejando algo para que deseemos volver, porque como dijo Umberto Eco: "Venecia es inabarcable. Siempre queda algo para ver en el próximo viaje, porque una iglesia está en restauración, un cuadro está prestado, hay una huelga de museos, por mil razones. Cada viaje significa rectificaciones, ampliaciones, asombros, consagraciones y desacralizaciones" (p.139).

Nosotros nos hacemos eco de las palabras de  Luigi Goto, Il Ciego D'Adria que en 1570 hablaba de las volteretas del recuerdo y la memoria: "De este deseo de regresar a ella, que pesa sobre todos los que la abandonaron, tomó el nombre de Venetia, como si dijera a quienes la abandonaron, en un dulce ruego: Veni etiam, vuelve" (p.11). Escuchamos la petición embaucadora de la ciudad y buscamos la agenda para ver cuándo podemos volver a la Serenissima.

"Henri de Régnier: El recuerdo de Venecia deja en el espíritu como una ceniza de luz"  (p.24)

"Mary McCarthy: "Venecia es una postal fracasada de sí misma" (p.25)

"Viajamos más, pero (Dice Wislawa Szymborska) "en lugar de recuerdos volvemos con fotos" (p.137)


Os dejo un podcast de Radio Euskadi "La casa de la palabra" con la intervención de Juan Lamillar el 13 de mayo de 2017.

Friday, July 28, 2017

Books in Books: Hôzuki, la librería de Mitsuko



Seguramente tú también lees libros cuando vas de viaje. Quizás algún texto que incluso está ambientado en la ciudad que visitarás o una guía turística. Probablemente también compras libros en tus destinos, un libro que capture la esencia de alguna experiencia que hayas vivido o que te recuerde a algún lugar que te resultó especial. Se completa así el círculo leer-viajar-leer, y ya no sabe una qué vino primero, el huevo o la gallina: ¿viajé allí porque leí ese libro, o leí ese libro de resultas de esta escapada?

Como vosotros/as, a menudo mi recuerdo de los viajes es uno o varios libros. Como ejemplo, Hôzuki, la librería de Mitsuko (2015), texto del que hoy os hablo, guardará siempre la esencia de un viaje a Madrid, de una ópera inolvidable y de una visita al Thyssen. Además, es un texto leído a media voz, con la calidez de la lectura compartida que no experimentaba desde que de niña mi madre me leía cuentos antes de dormir. 




Hôzuki, la librería de Mitsuko es una novela de Aki Shimazaki traducida por Íñigo Jáuregui. Mitsuko tiene una librería de lance (de ocasión)  como adelanta el título, pero además es camarera en  un bar de alterne de alta gama. 

Es un libro de ambiente gélido, establecido tanto por el contexto (la nieve y el frío) como por la distancia del propio punto de vista narrativo. En consonancia con esa atmósfera, la narración discurre a ritmo de glaciar, sosegada, lánguida, lenta. 

Mitsuko y Kako, como ríos de hielo, intercambian masa con otras partes del sistema hidrológico (la sociedad) que las rodea. 

Mitsuko, sin estudios, devora libros y busca estímulos intelectuales entre sus clientes del bar X, rebelándose contra esa sociedad asfixiante que se empeña en modificar su cauce y hacer que siga las convenciones:

"La idea de fundar una familia con él, o con cualquier otro, no me tentaba, sobre todo lo de criar hijos. Quería estar libre de obligaciones domésticas" (p. 25)

"Confiaba en encontrar un empleo en Osaka. Mujer, treinta y un años, sin estudios, no tendría mucho donde elegir. Sin embargo, esperaba poder trabajar en una librería normal o de lance, como había hecho antes" (p. 73)

"El matrimonio y la convivencia no me interesan, y no quiero tener hijos" (p. 75)

"Yo no soy religiosa ... " (p. 86)

Kako, la señora Sato, por otro lado, se ve forzada a aceptar un matrimonio concertado y asumir el papel de madre.

"Lejos de mi familia, tan conservadora, me sentí por fin libre. Mis padres me mandaban suficiente dinero para que pudiera dedicarme por entero a mis estudios. Sacaba las mejoras notas. Aunque estaban orgullosos de mis resultados, mis padres no me animaban a ser demasiado independiente, como una mujer de carrera. Querían que, después de mis estudios, me casara con un hombre asentando por medio de miaï (encuentro acordado con vistas a un matrimonio)" (p. 119)

Parecen venir de contextos y situaciones vitales diferentes y sus personalidades chocan mientras se deslizan una hacia la otra. Sin embargo, en su papel de madres, ambos glaciares, Mitsuko y Kako, son similares: temperados en sus partes interiores pero fríos en sus bordes. De vez en cuando percibimos el desmembramiento de algún témpano de hielo y nos damos cuenta que las une la misma meta, la supervivencia.

"Simplemente lucho por sobrevivir" (p. 87)

"Sea como fuere, de ningún modo quiero que esta tranquilidad se rompa" (p. 104)

"Me haría creyente si la religión me permitiera escapar del dolor de la vida" (p. 87)

Para combatir el calor veraniego, os invito a sufrir la abrasión y el arranque glaciar de Hôzuki, la librería de Mitsuko. Sufriréis la velocidad de erosión a posteriori, pues la lectura da que pensar sobre temas como la maternidad, la amistad y las relaciones familiares.